
Se desconoce lo que ocurrió después, pero lo cierto es que, tan sólo dos días después, los cristianos lograron acceder a la ciudad por los pasadizos y comenzaron a derruir, destrozar y matar todo lo que se interpusiera en su camino. Al-Andalus había perdido otra ciudad. La alarma llegó pronto a los oídos del rey musulmán, que pudo escapar a tiempo con su hija y las criadas de ésta. La princesa no daba crédito, se sintió engañada por su amante. Sin embargo, el dolor por el engaño quedaba devaluado por el sentimiento de culpabilidad: ella había entregado la ciudad a los cristianos. La culpa ahogaba a la joven, que, entre lágrimas, lo confesó todo. Sus sospechas se hicieron realidad: la ira del padre se tornó en poder. Las artes mágicas del rey supusieron el mayor peligro. Mientras Hizn Qazris era tomada, el Capitán buscó sin descanso a la princesa. Salió de la ciudad. El rey transformó a su aterrorizada hija en una gallina de oro y la condenó a vagar eternamente por las calles, acompañada por sus criadas metamorfoseadas en polluelos. Horrorizado, el Capitán contempló la cruel transformación. La ira le cegó y se lanzó hacia el rey, pero, cuando fue a atravesarle con su espada, de detrás del encolerizado soberano surgió un gigantesco dragón. Parecía dominado por el mismo rey almohade. “Si la ciudad no es mía, no será de nadie” –gritó Yusuf Almansur.
El Capitán estaba aterrorizado. Sin embargo, el terror no pudo superar la ira de haber perdido a su amada. Con su espada atravesó al rey. El dragón debió escuchar los gritos que provenían de la ciudad, pues comenzó a dirigirse hacia allí. Lanzaba llamaradas demasiado potentes como para ser esquivadas. Su fuego, sus garras y sus fauces lograron destruir gran parte de la ciudad. El capitán cristiano se encomendó una vez más a Dios y decidió enfrentarse al temible monstruo. Se subió a su caballo y se dirigió hacia la ciudad. Allí, tomó una lanza que había en una de las calles y se preparó para matar o morir. Sus rezos no fueron en vano: Dios quiso protegerle. Con gran heroicismo, cabalgó hacia el dragón a gran velocidad y hundió la lanza en su pecho, atravesándole el corazón. Un titánico rugido ensordeció la ciudad. Viéndose morir, el dragón intentó destruir a su enemigo, pero pronto las fuerzas le fallaron y se desplomó en el suelo. Las llamas de las casas ardientes, que él mismo había incendiado, cubrieron pronto al agonizante dragón, que acabó calcinado. El capitán contempló impasible su victoria, mientras una lágrima se precipitaba por su mejilla y una imagen se le hacía eterna: el recuerdo de su princesa.
Desde aquel lejano día, Hizn Qazris pasó a ser ciudad cristiana, tomando el nombre de Cáceres. Pocos siglos después de la muerte del Capitán, éste fue nombrado Santo: San Jorge.
Cada año, la princesa recuerda la batalla y nos hace partícipes de ella. Su dolor no tendrá cura y su castigo no tendrá fin.
6 comentarios:
weno, kizá un blog no sea para poner esta, y kízá haya sido mucho monopolizar 3 días de blog, pero tenía qponerlo. espero q os haya gustado (aunq sea un coñazo leer) o, al menos, q así ya sepáis la leyenda de san jorge.
thanks
gracias ati salao :)
eh!
x lo menos ya sabemos mas sobre nuestro patron,no??
ad+,t a kedado xula,un poco pesada,
xro xula.
:D
Muchas gracias dvd. NO has monopolizao pq esto es para todos y cada uno pone lo que quiere, gracias de vedd.
ayer n0s ligamos a una americana. Te queremos.
me ha encantado la historia, la has contado muy bien, esta bien que sepamos la historia de nuestra ciudad.
sq alberto sigue con los libros de teo y pocoyo y cuando ve mas letras de lo normal ya le parece pesao XD
A mi ma molao un huevo D!!!!
Publicar un comentario